Una
sonrisa, soñé una sonrisa toda la noche, o por lo menos es lo único que
recuerdo de la primera vez. Los labios carnosos perfectos, los dientes
blancos y simétricos. Puedo describir cada detalle de esa sonrisa, y
siempre pude hacerlo porque es la primera vez que el sueño perduró
llegada la vigilia, y perduró tan vívidamente que recordaba y recuerdo
horas mirando esa perfecta sonrisa. Nunca antes
distinguí unos caninos en una sonrisa, nuca ese rosado. ¿Rosado?, ¿rojo
pálido? me pareció un color tan definido, y valga la paradoja, aunque
no sepa definir el color exacto, quedó grabado en la retina de mi
subconciente como un color único.
Lo segundo fueron los ojos. Guau,
creí que me despertaría al verlos y me asusté, me asusté ante la idea de
verlos y despertar. Pero no, pude extasiarme y con el tiempo contemplar
con detenimiento cada iridiscencia, que cual pompa de jabón mostraba un
color único según el ángulo en que se lo vea. Pero… siempre fueron
verdes.
La siguiente vez me creí en un campo de trigo, movido con el
viento en oleajes. Y me dejé llevar. Flotaba en el rubio mar. Y sentí
el perfume y la suavidad y comprendí que era su pelo. Aspiré sin fin
para siempre esa noche.
Y asi fui deconstruyendola, detalle a
detalle, parte a parte hasta el todo a mi Galatea hasta despertar y
dormirme para siempre en ella.
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Este blog, que ya tuvo un par de cambios en su contenido a travéz de los años es hoy una recopilación de escritos de mi autoria.
lunes, 30 de marzo de 2015
Perfecta
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