lunes, 30 de marzo de 2015

Perfecta

   Una sonrisa, soñé una sonrisa toda la noche, o por lo menos es lo único que recuerdo de la primera vez. Los labios carnosos perfectos, los dientes blancos y simétricos. Puedo describir cada detalle de esa sonrisa, y siempre pude hacerlo porque es la primera vez que el sueño perduró llegada la vigilia, y perduró tan vívidamente que recordaba y recuerdo horas mirando esa perfecta sonrisa. Nunca antes distinguí unos caninos en una sonrisa, nuca ese rosado. ¿Rosado?, ¿rojo pálido? me pareció un color tan definido, y valga la paradoja, aunque no sepa definir el color exacto, quedó grabado en la retina de mi subconciente como un color único.
    Lo segundo fueron los ojos. Guau, creí que me despertaría al verlos y me asusté, me asusté ante la idea de verlos y despertar. Pero no, pude extasiarme y con el tiempo contemplar con detenimiento cada iridiscencia, que cual pompa de jabón mostraba un color único según el ángulo en que se lo vea. Pero… siempre fueron verdes.
   La siguiente vez me creí en un campo de trigo, movido con el viento en oleajes. Y me dejé llevar. Flotaba en el rubio mar. Y sentí el perfume y la suavidad y comprendí que era su pelo. Aspiré sin fin para siempre esa noche.
   Y asi fui deconstruyendola, detalle a detalle, parte a parte hasta el todo a mi Galatea hasta despertar y dormirme para siempre en ella.

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